Esto es un poco antiguo… pero algún día tenía que salir a la luz, bueno aquí va…
Harta de estar detrás de la cortina de humo. Harta de ser el plan b, aunque yo diga que tú seas el mío y ambos finjamos creernos. Hoy ya no estás, no sé a quién culpar… A mí por no decir la verdad o a ti por no quererte arriesgar. Te extraño, tal vez más de lo que debería. Admito que me enamoré y cuando decidí escudarme en la primera excusa para huir ya era muy tarde, yo ya estaba herida y tu cariño desgastado. Y mientras pasa el tiempo me pregunto cada día si valió la pena conocerte, si lo que decías eran mentiras de miel, o era una verdad que temías. Tal vez seas tú el cobarde, tal vez lo sea yo, pero ambos salimos perdiendo cuando pudo haberse ganado tanto.
Nunca entenderé cuál fue el momento exacto en el que me enamoré de ti. Solo pasó… como debe ser, esas cosas inesperadas son los sentimientos más sinceros y a las que menos debes buscarle explicación. Miénteme una vez más, dime que me quieres, dame un beso, úsame por un tiempo, no me tomaré la molestia de cederle mi tiempo a la tristeza u otros males, esta vez estoy entrando a un cuarto oscuro que conozco bien.
En contra de mi orgullo sigo esperando ése teléfono sonar, sigo esperando ésas disculpas, ése “te quiero”, sigo esperándote porque YO te quiero, aunque no quiera hacerlo. Sigo esperándote a ti y a tu decisión de nunca llegar. Sigo esperándote aquí, junto a mí.